Vida Profesional VS Vida Espiritual

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Al final de cuentas, tenemos medio mundo “observando” nuestro cristianismo, esperando las primeras señales de fanatismo para poder juzgar nuestra fe.

Nuestra fe nos cobra un buen testimonio en esta área.

Cuando conocí el Centro de Ayuda tenía 13 años, y mis notas en la escuela eran pésimas. Vivía en una rebeldía total, faltaba a clases y cuando iba era para desestabilizar el buen ambiente en el aula. Pero cuando me fue rebelada la fe racional en el Dios Vivo, descubrí la razón de vivir.

Nada más me importaba, participaba de las reuniones diariamente, hacía todos los propósitos, reuniones especiales, vigilias, etc. Toda esta inversión me estaba haciendo tan bien, no solo porque me aproximaba cada vez más a Dios, sino que lentamente estaba cambiando como persona.

Pero mis notas continuaban bajas, y claro (con toda la razón) mi familia me cobraba buenos resultados. Pero en el medio de esos reclamos, lo que parecía ser responsable por mi fracaso en la escuela eran las muchas horas que invertía en mi espíritu. O sea, tenía los ojos puestos en mí, en mi fe, la gente esperaba algo más, actitudes diferentes.

¿Qué hice? Comencé a empeñarme en mis estudios, renuncié a algunas reuniones, mejoré un poco las notas y comencé a trabajar, todo eso me llevó otra vez al mismo dilema: ¿Y ahora? Estoy dejando de invertir en mi vida espiritual para invertir en mi vida profesional!

¿Cuál es el punto de equilibrio?

¡Recurrí a Dios! Necesitaba una respuesta urgente…

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (I Corintios 10:31)

Me pregunté: ¿Cuál es mi objetivo con mi vida profesional? ¿Ser exitosa? ¿Tener fama, apreciación superior, probar que tengo valor? ¿O glorificar a Dios con mi vida?

Para los siervos de Dios, su única función en este mundo es servirlo, glorificarlo a través de la propia vida.

Quería priorizar lo espiritual, entones determiné para mí misma una regla:

– Es con Dios mi primer compromiso; mi fe es mi primera responsabilidad, y el resto se va a tener que encajar en la “agenda”.
– ¡Y ese resto es para glorificar a Dios también! Toda mi vida es para servir a Dios.

Claro que eso no quiere decir necesariamente que vas a faltar al trabajo para poder ir a la reunión en la iglesia. Pero habrá siempre equilibrio. Pues cuando mi intención es realmente agradar a Dios, el Espíritu Santo me da ese equilibrio y la sabiduría necesaria para actuar de la forma correcta.

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Autor entrada: Soporte Web España

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